La Ciudad levantó 471 espacios reservados irregulares

La Ciudad de Buenos Aires profundizó los controles sobre los estacionamientos reservados para personas con discapacidad y ya retiró 471 espacios que presentaban distintas irregularidades.

Entre los casos detectados apareció uno que llamó especialmente la atención: cuatro reservas ilegales estaban ubicadas en una misma cuadra de Palermo, donde los permisos habían vencido o directamente no cumplían con los requisitos establecidos.

El dato expone un problema que va más allá de un cartel colocado de manera irregular. Los espacios reservados forman parte de una política de accesibilidad destinada a garantizar que las personas con discapacidad puedan desplazarse y estacionar con mayores facilidades.

Cuando una reserva es falsa, está vencida o fue utilizada sin autorización, el espacio público termina siendo ocupado de manera indebida y se afecta directamente a quienes tienen derecho a utilizarlo.

Un caso llamativo en Palermo

De los 471 estacionamientos removidos durante lo que va del año, 44 estaban ubicados en Palermo. Dentro de ese conjunto apareció una situación particularmente llamativa: cuatro espacios irregulares fueron encontrados en una sola cuadra, sobre 3 de Febrero al 1100, entre la avenida Federico Lacroze y Teodoro García.

La concentración de casos en ese punto encendió las alarmas de los equipos que llevan adelante la revisión de la cartelería y de los permisos.

No se trató solamente de lugares que habían perdido vigencia por el paso del tiempo. En el relevamiento también aparecieron permisos falsos, información desactualizada y reservas cuyos titulares habían fallecido.

El problema, en esos casos, no termina con la existencia de un cartel que ya no debería estar colocado. La permanencia de una señalización irregular puede llevar a que otros conductores interpreten que se trata de un espacio oficialmente autorizado y respeten una reserva que, en realidad, ya no tiene respaldo administrativo.

La Ciudad cuenta actualmente con alrededor de 4.000 lugares destinados al estacionamiento de personas con discapacidad.

Por eso, el control sobre esos espacios busca evitar que una reserva que perdió su validez continúe ocupando el espacio público durante meses o incluso años.

Un plazo para regularizar

Antes de avanzar con el retiro de las reservas irregulares, el Gobierno porteño estableció un mecanismo para que los titulares pudieran actualizar o corregir su situación.

A través de un decreto firmado por el jefe de Gobierno, Jorge Macri, se otorgó un plazo de 20 días para que quienes utilizaran espacios con permisos vencidos, datos desactualizados o situaciones que debían ser corregidas realizaran la correspondiente regularización.

El trámite podía efectuarse mediante Trámites a Distancia (TAD) o a través del correo electrónico habilitado por la Ciudad.

La intención fue diferenciar aquellas situaciones que podían solucionarse mediante una actualización administrativa de los casos en los que existiera una maniobra deliberada para falsificar o adulterar la señalización.

Una vez vencido ese período, el esquema de controles se endureció. La detección de un estacionamiento que no cuenta con autorización vigente puede derivar en el retiro inmediato del cartel y de la señalización correspondiente.

Además, cuando se comprueba una falsificación o adulteración, la situación puede ser denunciada ante el Ministerio Público Fiscal para determinar si corresponde avanzar por la vía penal.

Retiro inmediato y sanciones

El protocolo diseñado por la Secretaría de Tránsito establece una intervención directa frente a las irregularidades.

Si los inspectores detectan un cartel que no corresponde, la señalización puede ser retirada de inmediato.

En los casos considerados más graves, especialmente cuando existen indicios de falsificación o adulteración, se inicia además un proceso de investigación.

El procedimiento contempla también la posibilidad de que la persona involucrada realice su descargo antes del avance de una causa penal. Paralelamente, las áreas correspondientes pueden iniciar un procedimiento para suspender preventivamente la licencia de conducir del infractor.

La normativa incorpora, además, un criterio que apunta directamente al responsable de la irregularidad: quien haya generado deliberadamente la situación o haya intervenido y adulterado el mobiliario urbano deberá afrontar los costos derivados del operativo.

Esto incluye los gastos relacionados con el retiro del cartel y la pintura necesaria para volver a acondicionar el cordón.

La lógica detrás de esta medida es evitar que el costo de una conducta irregular recaiga sobre el conjunto de los vecinos.

Si alguien instala una señalización sin autorización o modifica un elemento del espacio público, el Estado puede exigirle que se haga cargo de los gastos ocasionados.

Las sanciones económicas también fueron establecidas en distintos niveles. La exhibición de certificados o credenciales de discapacidad inexistentes o antirreglamentarios puede recibir multas de hasta 200 mil pesos. En tanto, instalar señales de tránsito sin autorización, o modificar o destruir señalización vial, puede generar multas de hasta 100 mil pesos.

“Se terminó el vale todo”

El jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, se refirió especialmente al caso detectado en Palermo y calificó como “insólito” que cuatro estacionamientos truchos aparecieran en una misma cuadra.

En ese contexto, destacó los 44 espacios retirados en ese barrio y los 471 detectados en el conjunto de la Ciudad.

“Se terminó el vale todo. Ley y orden”, sostuvo Macri al remarcar la decisión de avanzar sobre las reservas que no cumplen con las condiciones establecidas.

El mensaje político detrás del operativo está vinculado con una política más amplia de ordenamiento del espacio público.

Sin embargo, en este caso el control tiene una particularidad: no se trata simplemente de liberar un lugar de estacionamiento, sino de preservar una herramienta de accesibilidad.

Para una persona con discapacidad, encontrar ocupado un espacio reservado puede representar una dificultad concreta para llegar a un comercio, ingresar a un edificio, concurrir a un centro de atención o realizar una actividad cotidiana.

Por eso, una reserva irregular no constituye únicamente un incumplimiento administrativo: también puede convertirse en una barrera para la movilidad.

El desafío está en garantizar que los lugares reservados sean utilizados por quienes realmente cumplen con los requisitos y que la información que aparece en la vía pública coincida con los registros oficiales.

La actualización de los permisos adquiere así un papel central, especialmente cuando cambian las condiciones que dieron origen a una reserva.

Un nuevo paso en la Legislatura

El endurecimiento de los controles no quedó limitado a las sanciones administrativas. El Gobierno porteño también envió a la Legislatura un proyecto para modificar el Código Contravencional e incorporar como contravención la conducta de falsificar o adulterar un cartel de estacionamiento destinado a personas con discapacidad.

La iniciativa busca darle un marco específico a una práctica que, hasta ahora, podía ser abordada mediante distintas herramientas según las características de cada caso.

La incorporación de esta conducta al Código Contravencional apunta a establecer con mayor claridad las consecuencias para quienes manipulen o fabriquen señalización destinada a generar una reserva que no fue autorizada.

Desde la mirada del ordenamiento urbano, el objetivo es establecer reglas claras y reforzar los mecanismos de control.

Pero el punto más sensible está en la accesibilidad: los espacios reservados no son un privilegio arbitrario ni una concesión informal, sino una herramienta destinada a garantizar condiciones de movilidad para un sector de la población que necesita respuestas específicas en el espacio público.

El operativo que ya derivó en 471 retiros muestra, además, que el problema no se limita a casos aislados. La presencia de permisos vencidos, datos que dejaron de estar actualizados, titulares fallecidos y señalización presuntamente falsa obliga a revisar de manera permanente los registros y los elementos que permanecen instalados en las calles.

En ese escenario, la combinación de controles, regularización, retiro de cartelería, multas y eventuales denuncias busca cerrar el circuito de las irregularidades.

La intención oficial es que una reserva que dejó de estar vigente no permanezca indefinidamente en la calle y que nadie pueda apropiarse de un beneficio destinado a garantizar accesibilidad.

El objetivo final es sencillo de formular, aunque complejo de sostener en la práctica: que cada espacio reservado tenga un permiso válido detrás y que quienes necesitan esos lugares puedan encontrarlos disponibles cuando realmente los necesitan.

En una ciudad con miles de reservas para personas con discapacidad, el cumplimiento de esa regla termina siendo una cuestión concreta de derechos y de convivencia urbana.

SitiosHoy

www.sitioshoy.com.ar

sitioshoy@gmail.com