Con la llegada del otoño y el aumento de hojas secas en calles y veredas, la empresa de higiene urbana Cliba lanzó una serie de recomendaciones dirigidas a los vecinos para reforzar la limpieza de los barrios y evitar complicaciones en la vía pública.
El objetivo es simple pero central: sostener el orden urbano en una época del año donde la acumulación de hojas puede generar desde desagües tapados hasta calles nuevamente sucias apenas pasa el barrendero.
La empresa recordó que, aunque el servicio de Higiene Urbana realiza el barrido de cordones durante las mañanas, la limpieza de las veredas particulares continúa siendo responsabilidad de cada frentista.
En ese sentido, remarcaron que la colaboración vecinal resulta determinante para que el trabajo diario tenga resultados visibles y sostenidos en toda la Ciudad.
Durante esta época del año, el volumen de hojas que cae de árboles y espacios verdes aumenta considerablemente.
Esa situación obliga a reforzar tareas y modificar rutinas habituales tanto para los trabajadores del servicio de limpieza como para los propios vecinos.
Desde Cliba señalaron que una de las acciones más importantes consiste en evitar barrer las hojas hacia la calle, una práctica muy frecuente que termina afectando el funcionamiento general del sistema de higiene urbana.
Según explicaron, cuando las hojas son empujadas hacia la calzada, muchas veces terminan acumulándose en alcantarillas y bocas de tormenta.
Eso no solo provoca obstrucciones, sino que también incrementa el riesgo de anegamientos en días de lluvia intensa.
Además, una vez que el barrendero limpia el cordón, el viento o el movimiento vehicular vuelven a dispersar los restos sobre toda la cuadra, generando nuevamente suciedad en pocos minutos.
Para evitar ese escenario, la empresa recomendó barrer siempre desde el cordón hacia el frente de la vivienda, embolsar correctamente las hojas y residuos recolectados y luego depositarlos dentro de los contenedores correspondientes de cada cuadra.
También insistieron en la importancia de realizar estas tareas preferentemente durante la mañana, acompañando así el horario habitual del servicio de barrido.
Otro de los puntos destacados tiene que ver con el estacionamiento de los vehículos.
Cliba pidió a los automovilistas dejar una distancia aproximada de 20 centímetros respecto del cordón.
Aunque parezca un detalle menor, esa separación permite que el barrendero pueda acceder correctamente a toda la línea de la calle y retirar hojas y residuos acumulados sin obstáculos.
La problemática otoñal no es nueva, pero sí representa cada año un desafío operativo importante para las empresas y trabajadores encargados de la limpieza urbana.
El incremento de hojas secas modifica el volumen habitual de residuos y exige una mayor coordinación entre el servicio público y la colaboración ciudadana.
En barrios con abundante arbolado, como Palermo, Belgrano o Caballito, el fenómeno suele intensificarse especialmente durante jornadas ventosas.
En ese contexto, Fabian, barrendero de la zona de Zapata y Dorrego, en Palermo, explicó cómo impacta la conducta de los vecinos en el resultado final del trabajo cotidiano.
“En otoño trabajamos con muchísimas más hojas. Cuando los vecinos ayudan barriendo hacia adentro y embolsando, y no hacia la calle, realmente se nota en la limpieza de la cuadra”, sostuvo.
La tarea de barrido urbano muchas veces pasa desapercibida, pero representa uno de los servicios esenciales para el funcionamiento diario de una gran ciudad.
Cada jornada, cientos de trabajadores recorren cuadras desde temprano para retirar residuos, hojas y suciedad acumulada.
Sin embargo, desde el sector remarcan que el mantenimiento de la limpieza no depende únicamente del trabajo operativo, sino también de pequeños hábitos cotidianos que pueden hacer una diferencia significativa.
Especialistas en higiene urbana coinciden en que la limpieza de una ciudad es un proceso compartido. Acciones simples, como embolsar correctamente las hojas, respetar horarios de recolección o evitar arrojar residuos fuera de los contenedores, ayudan a reducir costos operativos y mejoran las condiciones generales del espacio público.
Además del aspecto visual, mantener despejadas las calles y desagües también tiene impacto en la seguridad y la salud urbana.
La acumulación de residuos húmedos puede generar malos olores, dificultades de circulación peatonal e incluso convertirse en focos de suciedad persistente.
Por eso, las campañas de concientización suelen intensificarse especialmente durante temporadas de alta caída de hojas.
Desde Cliba insistieron en que el aporte individual de cada vecino resulta clave para sostener una Ciudad más limpia y ordenada durante todo el otoño.
La combinación entre el trabajo de barrido y la colaboración cotidiana aparece, una vez más, como la herramienta principal para enfrentar uno de los desafíos estacionales más visibles del calendario urbano.
