Día mundial de lucha contra la desertificación y la sequía

La desertificación no constituye un problema aislado, sino que está relacionada con el cambio climático, la conservación de la biodiversidad y la necesidad del manejo sustentable de los recursos naturales.

Los vínculos entre estos aspectos y los socioeconómicos son cruciales, pues implican un desequilibrio entre el sistema de recursos naturales disponibles y el sistema socio-económico que los explota.En la República Argentina, las zonas áridas, semiáridas, y subhúmedas secas representan el 75% de la superficie total del país.

En este contexto geográfico y ambiental, el Gobierno Nacional suscribió en 1994 la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, ratificada en 1996 por el Congreso de la Nación, mediante el dictado de la Ley 24.701.

Argentina cuenta con 2.780.400 km2 de superficie, lo que la coloca como la octava nación con más territorio del mundo.

En contraposición de esto, sólo cuenta con 43 millones 847 mil de habitantes -según un cálculo estimado del gobierno nacional-, hecho que clasifica el país en el puesto número 23 en el ranking mundial de población.

Esto significa que hay grandes extensiones de tierra para explotar. Sin embargo, por diversos motivos, el país no hace un uso responsable de sus recursos y se avecina una fuerte expansión de la desertificación e improductividad de las grandes extensiones de tierras.

En forma simultánea la Argentina es uno de los países que ha mostrado una mayor tasa de deforestación en los últimos años.

Según datos de la Secretaria de Ambiente de la Nación, entre 2002 y 2006, la Argentina perdió 300.000 hectáreas de bosques por año, equivalente a 15 veces la ciudad de Buenos Aires, con más del 1% de tasa anual de deforestación -por encima del promedio mundial-.

A este ritmo, en menos de un siglo, se habrán perdido todos los bosques del país.

La deforestación del país está impulsada por el avance no planificado de la frontera agropecuaria y/o el crecimiento urbano.

En la Argentina, existen procesos de deforestación de variadas características, por ejemplo, el aumento de superficie cultivada para la soja en Santiago del Estero y Córdoba, y la ganadería en Salta y Chaco, entre otras.

En 2015, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) colocó a la Argentina en el noveno puesto de los países que menos cuidan los bosques nativos.

Argentina tiene el desafío de hacerle frente a un factor especialmente relevante en la desertificación que está sufriendo el país y que es la variación interanual de precipitaciones, que afecta, sobre todo, a las regiones andinas.

El aumento de las precipitaciones y la deforestación -pérdida de cobertura boscosa que no permitió la natural absorción del agua- son algunas de las principales causas de las inundaciones en Argentina, Brasil y Paraguay.

Coincidentemente, o no, estos tres países están entre los diez que más desmontaron durante las últimas tres décadas.

Desde su reglamentación en 2009, la Ley de Bosques Nº Ley 26.331 nunca fue cumplida ni contó con su presupuesto estipulado en la propia ley, que no debía ser inferior al 0,3% del presupuesto nacional.

Además, la provincia de Buenos Aires presenta los niveles más altos de desertificación del país, fenómeno acompañado por una pérdida de nutrientes del suelo básicos para la producción de alimentos.

A su vez, la expansión de la frontera de la soja afecta directamente a provincias como Chaco, Formosa, Salta y Santiago del Estero, lo que provoca la pérdida significativa de nutrientes en el suelo.

Otra región del país que se encuentran en grave peligro de desertificación es la Patagonia, debido al sobrepastoreo que se da en el territorio y que tiene como consecuencias una disminución del 90% de la actividad forrajera, una expansión de los arbustos, gran erosión del suelo, y la alteración de las cuencas hídricas del lugar.

Un informe del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) advierte que todo el proceso de reforestación del lugar puede llegar a tener un coste de entre 4.500 millones y 49.000 millones de pesos argentinos debido a la imprudencia de los sistemas productivos aplicados en las provincias sureñas.

Además, también se señala que la industria petrolera causó daños por un valor de entre 832 millones y 1.542 millones de dólares (convertibilidad). Este informe fue publicado en 1999, en la actualidad el daño puede ser mucho mayor.

La aridez del suelo provoca una degradación de la tierra que pierde fertilidad y queda improductiva de forma permanente.Además de la pérdida acelerada de bosques nativos, aquellos que quedan en pie sufren un proceso continuo de degradación desde hace más de cien años.

Ya sea para extraer madera, tanino, durmientes de ferrocarriles, postes de alambrados o carbón, la explotación forestal de los bosques nativos tuvo históricamente y tiene hasta nuestros días características mineras.

Esto quiere decir que no se aplican técnicas adecuadas de reforestación para asegurar su renovación o regeneración, sino que simplemente se extraen los mejores ejemplares hasta su agotamiento.

Argentina cuenta con un reservorio invaluable de dióxido de carbono en sus bosques que resguardan 9.300 millones de toneladas de ese elemento.

El Cambio Climático requiere salir de la poesía legislativa y actuar de manera urgente ante esta realidad de anarquía que pone en riesgo a las presentes y futuras generaciones.

.Por Fabián Ruocco