Un instante cotidiano estuvo a punto de convertirse en tragedia en el corazón de Palermo: un hombre que tomaba un café en la vereda fue brutalmente golpeado por un panel de vidrio que se desprendió de un balcón ubicado en un cuarto piso.
El impacto, sorpresivo y violento, volvió a encender las alarmas sobre el estado de las fachadas, la responsabilidad de los propietarios y los riesgos invisibles que acechan en plena vía pública.
Lo primero que pensé fue que había que hacer algo o se moría, contó uno de los empleados de la cafetería, todavía conmocionado por la escena.
En medio del caos, los trabajadores improvisaron torniquetes, limpiaron la herida y asistieron al herido mientras esperaban la llegada de los servicios de emergencia, en una reacción que resultó clave para estabilizarlo.
El hecho ocurrió en la intersección de Ciudad de la Paz y Jorge Newbery, una zona de alto tránsito peatonal y gastronómico.
Las imágenes captadas por una cámara de seguridad de un edificio cercano muestran con crudeza el momento exacto en que un blindex se desprende desde varios metros de altura y cae directamente sobre la cabeza del hombre, de 50 años, que se encontraba sentado en una mesa al aire libre.
De acuerdo con fuentes del Sistema de Atención Médica de Emergencia (SAME), la víctima sufrió un traumatismo de cráneo y múltiples heridas cortantes en la cabeza y en el brazo izquierdo. La lesión más grave se produjo en ese antebrazo, donde el impacto provocó el corte de tres tendones.
El despliegue sanitario fue inmediato: un escuadrón de motos llegó al lugar para brindar las primeras curaciones y luego trasladó al paciente al Hospital Pirovano. Allí, los médicos confirmaron que estaba fuera de peligro, aunque debieron aplicarle más de 20 puntos de sutura.
En paralelo, personal de la Comisaría Vecinal 14 B y Bomberos de la Ciudad intervino para asegurar la zona y evitar nuevos riesgos. Los efectivos subieron hasta el departamento desde donde se había desprendido el vidrio y constataron que la unidad se encontraba desocupada.
Según se informó, el propietario reside en la provincia de Córdoba y el departamento estaba cerrado, con la llave en poder del encargado del edificio. Por precaución, los bomberos retiraron otra placa de blindex que había quedado inestable en la ventana, una decisión que evitó un potencial segundo accidente.
La investigación quedó en manos de la Unidad de Flagrancia Norte, a cargo de la doctora Amanda Berstein, que deberá determinar responsabilidades y eventuales imputaciones.
En estos casos, el foco judicial no se limita al hecho puntual, sino que se extiende al estado general del inmueble, los controles realizados y el cumplimiento de las normas vigentes.
Desde el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires buscaron deslindar responsabilidades y recordaron el marco legal existente. “La ley 6116 obliga a propietarios y consorcios a mantener las fachadas en buen estado para la seguridad de terceros”, señalaron fuentes oficiales.
La normativa establece que el consorcio es responsable de las partes comunes, mientras que cada propietario debe responder por el mantenimiento de su unidad funcional.
Esto incluye la obligación de realizar inspecciones técnicas periódicas, especialmente en edificios antiguos o con estructuras expuestas al desgaste.
El episodio reavivó un debate recurrente en la Ciudad: la falta de mantenimiento preventivo y la tendencia a realizar arreglos parciales en lugar de obras integrales. Victoria Loisi, abogada de la Liga de Consorcistas, fue contundente al respecto.
El consejo de propietarios es el que responde. Hay un deber de mantenimiento por parte del dueño del departamento.
Si lo deja vacío, no se da por enterado y no avisa que hay un vidrio flojo, también puede tener responsabilidad, explicó. Además, advirtió que muchas veces los problemas se agravan por la ausencia de controles serios: “Hay edificios que hacen parches, no trabajos de fondo, y pasan estas cosas”.
Las estadísticas de la Ciudad muestran que los desprendimientos de mampostería y elementos de fachada no son hechos aislados. Cada año se registran decenas de incidentes similares, algunos con consecuencias fatales.
La combinación de construcciones envejecidas, falta de inspecciones regulares y desidia administrativa conforma un cóctel peligroso, especialmente en barrios densamente poblados como Palermo.
Como periodista, no puedo dejar de señalar que este tipo de episodios interpela de lleno a la cultura del mantenimiento urbano.
La calle, la vereda y los espacios comunes no son escenarios ajenos a los edificios privados: son ámbitos compartidos donde cualquier negligencia impacta de manera directa sobre terceros que nada tienen que ver con un consorcio o una unidad funcional.
La prevención, en estos casos, no es un concepto abstracto sino una obligación concreta que puede marcar la diferencia entre un susto y una tragedia irreversible.
El hombre herido se recupera y está fuera de peligro, pero el golpe simbólico permanece. El blindex que cayó en Palermo dejó al descubierto una fragilidad estructural y normativa que exige respuestas más firmes.
Mantener las fachadas no es un trámite ni un gasto postergable: es una responsabilidad social que protege vidas y evita que lo cotidiano vuelva a convertirse, de un segundo a otro, en una escena de horror.
