Recuperó su casa tras 33 años de usurpación en Palermo

Treinta y tres años después de haber perdido su hogar en una toma ilegal, una vecina de Palermo volvió a cruzar la puerta de la propiedad donde creció.

La restitución no solo reabre una historia personal marcada por el despojo, sino que también vuelve a poner en el centro del debate porteño la problemática de las usurpaciones, la seguridad urbana y el derecho a la propiedad privada.

Salimos con mi mamá un fin de semana, se metieron y no nos dejaron entrar nunca más, recordó Analía Peluso, visiblemente emocionada tras recuperar el PH familiar.

“Es un día histórico, siento un agradecimiento y una alegría inmensa”, expresó al reencontrarse con el lugar que había quedado congelado en su memoria desde su juventud.

La vivienda está ubicada en Ravignani 1779, en pleno Palermo, una zona que en las últimas décadas experimentó un fuerte crecimiento inmobiliario y comercial.

Según pude reconstruir a partir de fuentes oficiales y testimonios vecinales, el inmueble presentaba problemas estructurales severos y era motivo de quejas permanentes por ruidos molestos y situaciones de inseguridad.

El operativo de restitución fue realizado por la Policía de la Ciudad, con la participación de la Red de Atención y el Ministerio de Espacio Público e Higiene Urbana.

La intervención se dio en un punto estratégico del barrio: a metros de medios de comunicación y zonas de alto tránsito, lo que también generaba preocupación entre residentes y comerciantes.

La historia personal de Peluso sintetiza un fenómeno que se repite en distintos puntos del país.

La casa había pertenecido a sus abuelos y luego a su padre. Allí vivió hasta los 20 años, cuando una ocupación ilegal cambió radicalmente su vida familiar.

“Nos quedamos en la calle, con todas nuestras cosas y recuerdos adentro. Solo me pude quedar con una foto de mi papá”, relató.

Durante años, la recuperación parecía imposible. Según contó la propia damnificada, existía la percepción de que detrás de las tomas operaban estructuras organizadas que hacían extremadamente costoso y complejo cualquier intento de restitución.

“Decían que era una mafia y que se necesitaba mucho dinero para sacarlos. Pero nunca perdí las esperanzas”, aseguró.

Este caso se enmarca dentro de una política más amplia de recuperación de inmuebles ocupados ilegalmente.

La propiedad de Ravignani se convirtió en la vivienda recuperada número 593 dentro del plan impulsado por el Gobierno porteño, que busca reforzar el respeto por la propiedad privada, mejorar la seguridad y ordenar el espacio urbano.

Desde la gestión local sostienen que el objetivo es evitar que la problemática escale a niveles más críticos.

En ese sentido, remarcan que la recuperación de inmuebles también impacta en la reducción de focos delictivos y en la mejora de la convivencia barrial.

En los últimos dos años, el valor estimado de las propiedades restituidas supera los 300 millones de dólares, según datos oficiales.

El caso de Palermo no es aislado. También en ese barrio se recuperaron otras propiedades emblemáticas, como la conocida “casa violeta” en Guatemala al 5400 y un edificio de tres pisos en Honduras al 5600, frente a un canal de televisión.

Ambas habían estado tomadas durante más de una década y eran señaladas por vecinos como focos de inseguridad.

A nivel ciudad, el listado incluye inmuebles con alto valor simbólico e histórico.

Entre ellos aparecen la Casa Blaquier en el Casco Histórico, que permaneció ocupada durante más de 40 años; el llamado “Elefante Blanco” de Olazábal al 3400 en Belgrano; la denominada “Galería del Terror” en Nueva Pompeya; la Casona de Costanera Sur y sectores del Mercado de Bonpland.

Otro frente de intervención fueron los ex hoteles en barrios como Constitución, San Telmo y Flores.

Según informes oficiales, varios de esos espacios habían sido transformados en centros de venta de drogas, explotación sexual o refugio de organizaciones delictivas.

Especialistas en urbanismo y seguridad señalan que la problemática de las tomas combina factores sociales, económicos y judiciales.

La falta de resolución rápida en conflictos de propiedad suele favorecer ocupaciones prolongadas, mientras que los procesos legales para desalojos pueden extenderse durante años.

Desde el punto de vista social, el fenómeno también refleja la crisis habitacional que atraviesa el Área Metropolitana de Buenos Aires.

El acceso a la vivienda formal se vuelve cada vez más complejo para sectores medios y bajos, lo que genera tensiones estructurales en el mercado inmobiliario y en la política pública.

En ese contexto, la restitución del PH de Palermo adquiere un valor simbólico fuerte.

No solo representa la reparación de un daño individual, sino que también funciona como mensaje político y jurídico sobre el control del espacio urbano.

La recuperación de la vivienda de Analía Peluso marca el cierre de una historia que atravesó más de tres décadas y, al mismo tiempo, deja abierto el debate sobre cómo equilibrar derecho a la vivienda, legalidad y seguridad urbana.

Casos como este muestran que detrás de cada propiedad hay historias familiares, conflictos sociales y decisiones políticas que terminan moldeando la vida de la ciudad.

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