La Ciudad fortalece la alianza con familias para regular el uso del celular

El debate por el uso del celular en las aulas volvió a instalarse con fuerza en la agenda educativa porteña.

En un contexto donde chicos y adolescentes pasan cada vez más horas frente a una pantalla, el Ministerio de Educación reunió a cooperadoras, organizaciones sociales y especialistas en crianza para discutir límites, responsabilidades y, sobre todo, el impacto real que la tecnología tiene en el aprendizaje y en el bienestar emocional de los estudiantes.

“Tenemos que unirnos para poner el aprendizaje y el bienestar de los alumnos en el centro”, planteó la ministra de Educación de la Ciudad, Mercedes Miguel, durante el encuentro.

Y fue más allá: “El trabajo conjunto entre familias, escuelas y Ministerio es fundamental para enfrentar el uso problemático de la tecnología y proteger el bienestar socioemocional de niños y adolescentes”.

La frase no fue casual. Resume una preocupación creciente que atraviesa a docentes, directivos y padres.

La reunión se enmarcó dentro de la agenda de protección digital infantil y adolescente que impulsa la cartera educativa porteña.

El eje fue claro: regular el uso del celular en las escuelas no puede ser una medida aislada ni meramente disciplinaria.

Se trata, según se planteó, de construir una estrategia integral que contemple la dimensión pedagógica, el desarrollo emocional y el rol insustituible de las familias.

En el intercambio participaron representantes de cooperadoras escolares, organizaciones de la sociedad civil y referentes en crianza.

Allí se puso sobre la mesa una realidad difícil de ignorar: la edad de acceso a dispositivos inteligentes es cada vez más temprana y el tiempo de exposición a pantallas crece de manera sostenida.

Diversos estudios internacionales advierten que el uso excesivo puede afectar la concentración, alterar los ciclos de sueño y reducir la capacidad de interacción cara a cara, un aspecto central en la etapa formativa.

Durante el encuentro se coincidió en que el problema no es la tecnología en sí misma, sino su uso desmedido y sin acompañamiento.

En muchas aulas, el celular se convierte en una fuente constante de distracción: notificaciones, redes sociales y videojuegos compiten directamente con la explicación del docente.

En ese escenario, sostener la atención y promover aprendizajes profundos se vuelve un desafío mayor.

Pero la discusión fue más amplia que la simple prohibición. Se habló de lo que se pierde cuando la pantalla ocupa el lugar del juego, del deporte o de la conversación familiar.

La infancia y la adolescencia son etapas donde el vínculo con otros, la construcción de la autoestima y la gestión de emociones se desarrollan en interacción real, no mediada.

Cuando ese intercambio se reemplaza por interacciones virtuales, aparecen nuevas tensiones: ansiedad, dependencia digital y dificultades para establecer límites.

El Ministerio planteó la necesidad de fortalecer la alianza entre escuela y familia. No alcanza con una normativa interna si en el hogar no hay criterios claros sobre horarios, contenidos y tiempos de uso.

En ese sentido, la regulación del celular en el ámbito escolar busca ser una señal, pero también un punto de partida para una conversación más amplia en cada casa.

En la Ciudad ya existen lineamientos que restringen el uso de dispositivos durante el horario de clase, salvo con fines pedagógicos específicos.

Sin embargo, el desafío es garantizar que esas pautas se cumplan de manera homogénea y que no queden libradas a la interpretación individual.

La reunión apuntó justamente a consolidar consensos y escuchar las distintas miradas para avanzar en políticas más efectivas.

También se destacó que la alfabetización digital debe ir de la mano de la regulación.

Enseñar a usar la tecnología de forma crítica y responsable es parte del proceso educativo.

No se trata de demonizar las herramientas digitales, sino de integrarlas con sentido, evitando que se transformen en un obstáculo para el aprendizaje.

El concepto de bienestar socioemocional atravesó toda la jornada. Desde la cartera educativa remarcaron que no puede haber calidad educativa sin un entorno emocional saludable.

La exposición constante a estímulos digitales, la presión de las redes sociales y la hiperconectividad permanente generan nuevas formas de estrés que impactan en chicos cada vez más jóvenes.

La agenda de protección digital continuará con nuevos encuentros y acciones orientadas a generar conciencia.

La intención oficial es sostener el diálogo con la comunidad educativa y avanzar hacia acuerdos duraderos que trasciendan coyunturas.

La discusión recién empieza, pero el consenso sobre la necesidad de intervenir ya parece instalado.

En definitiva, el desafío es equilibrar innovación tecnológica y cuidado integral.

Regular el celular en las escuelas no es un fin en sí mismo, sino una herramienta para recuperar espacios de encuentro, concentración y aprendizaje que la sobreexposición digital ha ido desplazando.

El objetivo, insisten desde el Ministerio, es claro: poner a los chicos en el centro y garantizar que la tecnología sea un puente y no una barrera.

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