Cyrano se despide a lo grande en el Parque Centenario

La noche del sábado 28 de febrero no será una función más: será el último acto de un fenómeno teatral que marcó las últimas temporadas porteñas.

Después de cuatro años en cartel y más de 200 mil espectadores, la versión de Cyrano de Bergerac protagonizada por Gabriel Goity baja el telón con una presentación gratuita en el Anfiteatro del Parque Centenario, como broche de oro del ciclo Cultura de Verano.

No se trata solo de una despedida: es el cierre de una etapa que logró reconciliar al gran público con un clásico del repertorio universal.

“Cyrano me cambió para siempre”, supo decir Gabriel Goity al referirse al personaje que encarnó durante más de 250 funciones.

La frase resume la dimensión de un proyecto que excedió el escenario y se convirtió en un acontecimiento cultural, con premios, giras y una respuesta de público que sorprendió incluso a sus propios creadores.

La celebrada versión de Cyrano de Bergerac, escrita por Edmond Rostand a fines del siglo XIX, tuvo en Buenos Aires una relectura contemporánea bajo la adaptación y dirección de Willy Landin.

Desde su estreno en 2023 en la Sala Martín Coronado del Teatro San Martín, la puesta se consolidó como uno de los mayores éxitos del teatro público reciente.

No solo por la magnitud de su producción, sino por su capacidad de convocar a públicos diversos, desde espectadores habituales hasta jóvenes que se acercaron por primera vez a una obra clásica.

El recorrido fue contundente: más de 200 mil espectadores en 250 funciones, cifras poco frecuentes para una obra de estas características.

La gira nacional incluyó plazas teatrales exigentes como La Plata, Rosario, Santa Fe, Córdoba y Mendoza, además de una temporada destacada en el Teatro Tronador de Mar del Plata.

Allí, Goity fue distinguido con el Estrella de Mar de Oro, un reconocimiento que marcó el pulso del impacto alcanzado en la temporada estival.

El reconocimiento no se detuvo allí. El actor también recibió el Martín Fierro de Oro en la primera edición dedicada exclusivamente al teatro, un hito que confirmó la relevancia del espectáculo en la escena nacional.

El premio no solo celebró una actuación, sino el fenómeno integral que implicó esta producción dentro del circuito cultural argentino.

La función despedida se realizará en el Anfiteatro del Parque Centenario, ubicado en la intersección de Leopoldo Marechal y Avenida Lillo.

Será el sábado 28 a las 20 horas y con entrada gratuita. Las localidades —una por persona— se entregarán el mismo día desde las 18, por orden de llegada y hasta completar la capacidad del predio.

La obra tiene una duración de 145 minutos con intervalo, y para ampliar la experiencia se instalará una pantalla gigante que permitirá seguir cada detalle de la puesta incluso desde los sectores más alejados.

En caso de lluvia, la organización informó que la función se reprogramará para el domingo 1º de marzo en el mismo horario y bajo la misma modalidad.

El cierre se enmarca en Cultura de Verano, el ciclo que durante la temporada estival llevó música, teatro y propuestas artísticas a distintos puntos de la Ciudad, reforzando la idea de acceso público y descentralización cultural.

Pero la despedida no será el final definitivo. El universo de este Cyrano tendrá continuidad en el lenguaje audiovisual.

Se encuentra en etapa de posproducción un documental dirigido por Maxi Gutiérrez, concebido como parte de una serie de contenidos derivados de los espectáculos del Complejo Teatral de Buenos Aires.

El largometraje propone un recorrido en clave ficcional por el proceso de montaje y, sobre todo, por la relación íntima de Goity con el personaje: el desafío de sostener durante años la intensidad emocional, la construcción de la voz poética y la tensión entre orgullo y vulnerabilidad que define al espadachín narigón más célebre de la literatura dramática.

La historia de Cyrano, atravesada por el amor no correspondido y la potencia de la palabra como arma y refugio, encontró en esta versión un tono que combinó épica, humor y una sensibilidad contemporánea.

Esa combinación fue clave para explicar su éxito sostenido. No fue una simple reposición de un clásico: fue una apropiación que dialogó con el presente y con un público que respondió masivamente.

Cuando las luces se apaguen en el Parque Centenario, no solo se cerrará una función. Se cerrará un ciclo que demostró que el teatro clásico, cuando es trabajado con rigor y convicción, puede convocar multitudes.

Y en esa despedida, inevitablemente, quedará flotando la certeza de que algunas historias no envejecen: solo encuentran nuevas voces que las vuelven imprescindibles.

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