Inclusión en acción: el Ecoparque suma empleo para personas con discapacidad

La escena se repite a diario, pero ya no pasa inadvertida: en uno de los espacios más transitados de la Ciudad, la atención al público dejó de ser una tarea convencional para convertirse en un símbolo concreto de inclusión.

En el Ecoparque porteño, 37 personas con discapacidad no solo reciben y orientan a visitantes, sino que protagonizan un cambio profundo en la manera en que el Estado piensa el acceso al trabajo y la autonomía.

“Tenemos que generar oportunidades porque ocho de cada diez personas con discapacidad no logran acceder a un empleo”, afirmó el jefe de Gobierno, Jorge Macri, al presentar la iniciativa.

La frase no es menor: detrás de ese dato hay una deuda estructural que atraviesa al mercado laboral argentino.

En la misma línea, la vicejefa Clara Muzzio advirtió que “todavía existen prejuicios que generan barreras”, poniendo en foco no solo la falta de oportunidades, sino también los obstáculos culturales que persisten.

Lo que sucede en el Ecoparque no es improvisado. Es el resultado de una política pública diseñada con objetivos claros y sostenida por una red de actores.

La articulación entre el Gobierno de la Ciudad, a través de la Subsecretaría de Discapacidad liderada por Sofía Torroba, y organizaciones de la sociedad civil permitió transformar una idea en un dispositivo concreto de inclusión laboral. ADEEI, AMIA, CILSA, CCRAI, DISCAR, Fundación Chacras y Cascos Verdes formaron parte de un entramado que no solo seleccionó perfiles, sino que acompañó procesos.

El programa arrancó con más de 100 postulaciones. A partir de allí, se desplegó un esquema riguroso: entrevistas individuales y grupales, instancias de evaluación, y una capacitación de cuatro meses que combinó teoría y práctica.

No se trató simplemente de “insertar” personas en un puesto, sino de construir condiciones reales de trabajo, con acompañamiento técnico y articulación con familias.

Ese punto es clave: la inclusión efectiva no ocurre de manera aislada, sino en red.

Hoy, quienes integran este programa cumplen funciones estratégicas dentro del predio.

Distribuidos en siete postas informativas, orientan a los visitantes, explican recorridos, comunican actividades y difunden el trabajo educativo y de conservación que caracteriza al Ecoparque.

En un lugar que recibe más de dos millones de personas al año, su rol no es simbólico: es central para el funcionamiento cotidiano.

El impacto, sin embargo, excede lo operativo. Lo que está en juego es un cambio de paradigma. Durante años, la discusión sobre discapacidad estuvo atravesada por una lógica asistencialista.

Este modelo propone otra cosa: empleo genuino, en entornos reales, con responsabilidades concretas y visibilidad pública. En otras palabras, corre el eje desde la protección hacia la autonomía.

Las cifras ayudan a dimensionar la urgencia. En la Ciudad de Buenos Aires viven más de 300.000 personas con discapacidad, pero apenas el 15,7% accede a un empleo.

El dato expone una brecha significativa que no se resuelve únicamente con normativas, sino con políticas activas que generen oportunidades concretas.

En ese contexto, la experiencia del Ecoparque aparece como un caso testigo, con potencial de replicarse tanto en el ámbito público como en el privado.

No es casual que el proyecto se inscriba dentro del Plan de Acción de Discapacidad 2023–2027.

La iniciativa forma parte de una estrategia más amplia que busca eliminar barreras —físicas, sociales y culturales— y garantizar derechos de manera efectiva.

En este sentido, el empleo ocupa un lugar central: no solo como fuente de ingresos, sino como herramienta de integración social.

También hay un efecto menos visible, pero igual de relevante: el impacto en quienes visitan el predio.

La interacción cotidiana con trabajadores con discapacidad contribuye a desmontar prejuicios y a naturalizar la diversidad en ámbitos laborales.

Es un aprendizaje que no se transmite en campañas, sino en la experiencia directa.

El desafío, hacia adelante, será sostener y escalar este modelo. Replicar la iniciativa implica adaptar estructuras, formar equipos y, sobre todo, sostener una decisión política.

Pero también supone interpelar al sector privado, que aún muestra niveles bajos de inclusión laboral en este campo.

El Ecoparque, en este contexto, deja de ser solo un espacio de recreación para convertirse en un laboratorio de políticas públicas.

Lo que allí ocurre no es un hecho aislado, sino una señal de hacia dónde puede avanzar la Ciudad si logra consolidar este tipo de iniciativas.

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