El monumento al coronel Manuel Dorrego, una de las piezas más emblemáticas del patrimonio escultórico porteño, atraviesa una intervención de conservación en el año en que se cumplen cien años de su inauguración.
La obra de Rogelio Yrurtia, ubicada en la plazoleta Suipacha, en la esquina de Viamonte y Suipacha, será restaurada en sus figuras de bronce y en el basamento de granito, en el marco de las obras que buscan recuperar y revitalizar distintos sectores del Microcentro.
Inaugurado el 24 de julio de 1926, el conjunto escultórico lleva un siglo formando parte del paisaje cotidiano de la Ciudad. Ahora, especialistas del taller Monumentos y Obras de Arte (MOA) trabajan sobre sus distintos componentes con técnicas específicas de conservación, destinadas a retirar suciedad e incrustaciones sin alterar los materiales originales ni comprometer la pátina que caracteriza a las piezas de bronce.
Los trabajos sobre el basamento de granito comienzan con una limpieza mecánica en seco, realizada cuidadosamente con pinceles, bisturíes y lecrones.
El objetivo es desprender las partículas e incrustaciones acumuladas con el paso del tiempo, pero sin provocar daños sobre la superficie de la piedra. A esta primera etapa le sigue una limpieza química que se desarrolla en diferentes pasos.
Uno de ellos es la desalinización mediante compresas de agua desmineralizada, procedimiento que permite reducir la presencia de sales en el material.
También se elimina el biofilm, una capa de origen biológico que suele aparecer sobre las piedras debido a la humedad, y se remueven los depósitos de hollín generados por la exposición permanente al ambiente urbano. Cada tratamiento es acompañado por tareas de cepillado y enjuague para completar la limpieza de manera controlada.
En las figuras de bronce, la intervención requiere otro tipo de cuidados. Allí se combina la limpieza manual con la utilización de vapor seco para retirar las capas de cera y hollín que se fueron acumulando sobre las superficies.
Al mismo tiempo, los especialistas controlan el estado de la pátina, una película que se forma sobre el metal y que, además de otorgarle su tonalidad característica, cumple una función protectora.
Cuando se encuentran desequilibrios en esa pátina, se realizan tratamientos específicos para estabilizarla. Entre ellos se contempla la aplicación de benzotriazol con pincel, una técnica destinada a proteger el bronce y contribuir a su conservación.
Se trata, en definitiva, de una tarea que no busca devolver la escultura a un aspecto completamente nuevo, sino preservar sus materiales y su aspecto histórico respetando las huellas propias de un monumento que lleva cien años expuesto en el espacio público.
El monumento representa a Manuel Dorrego a caballo, acompañado por una victoria alada, la Niké de la tradición griega. A ambos lados del basamento aparecen además dos figuras alegóricas: una masculina, que representa la Fatalidad, y otra femenina, que personifica la Historia.
La composición refleja el lenguaje simbólico utilizado por Yrurtia y convierte al conjunto en mucho más que una representación ecuestre del militar y dirigente político.
Dorrego nació en 1777 y murió fusilado en 1828, y su figura ocupa un lugar relevante en la historia política argentina. Su monumento fue concebido por Yrurtia en un período en el que la Ciudad buscaba consolidar espacios públicos destinados a homenajear a protagonistas de la historia nacional. El resultado fue una obra monumental que, un siglo después, continúa integrada al movimiento diario del centro porteño.
Para mí, uno de los aspectos más interesantes de esta puesta en valor es que permite volver la mirada sobre la trayectoria de su creador. Rogelio Yrurtia, nacido en 1879 e hijo de inmigrantes vascos, comenzó su formación artística en la Sociedad Estímulo de Bellas Artes bajo la enseñanza de Lucio Correa Morales.
A los 19 años obtuvo una beca que le permitió trasladarse a Francia, donde entró en contacto con el ambiente artístico europeo y con la obra de Auguste Rodin.
Su carrera alcanzó reconocimiento internacional con «Las pecadoras», presentada en el Salón de París. Más adelante recibió encargos del Estado argentino que terminaron convirtiéndose en referencias del patrimonio porteño, entre ellos el «Canto al Trabajo», el Mausoleo de Bernardino Rivadavia en Plaza Miserere y «La Justicia», ubicada en el Palacio de Justicia.
El monumento a Dorrego forma parte de ese conjunto de obras que permiten seguir la evolución de la escultura argentina durante las primeras décadas del siglo XX.
El centenario también tendrá su espacio dentro del Museo Casa de Yrurtia, la antigua vivienda y taller del escultor en Belgrano.
Desde el jueves 27 de agosto se puede recorrer allí una exposición dedicada específicamente al proceso de creación del monumento. Bocetos, dibujos, maquetas, fotografías y documentos permiten reconstruir el camino que siguió el proyecto desde el concurso que consagró a Yrurtia hasta su instalación definitiva en la vía pública.
La muestra también permite comprender el significado de las figuras alegóricas que acompañan a Dorrego y recuperar documentos vinculados con la concepción de la obra.
De esta manera, el aniversario no queda limitado a la restauración física del monumento, sino que también propone recuperar su historia artística y documental.
La intervención se desarrolla además en un Microcentro que atraviesa un proceso más amplio de transformación. La reconversión de Tucumán-25 de Mayo y Viamonte contempla 18 cuadras y unos 24.000 metros cuadrados de espacio público.
La primera etapa, correspondiente a Tucumán-25 de Mayo, ya fue completada, mientras que Viamonte avanza con trabajos sobre ocho cuadras entre Carlos Pellegrini y Leandro N. Alem, con mayor superficie peatonal y verde, renovación de veredas, iluminación y mejoras vinculadas a la seguridad.
El plan alcanza también a Plaza Lavalle, donde se realizaron tareas sobre veredas, pavimentos, baches e iluminación y ahora continúa la restauración de la fuente que rodea al «Homenaje al Ballet Nacional».
En Avenida de Mayo, por su parte, avanzan trabajos sobre las fachadas del Palacio Municipal y del ex edificio de La Prensa, actual Casa de la Cultura, con una intervención que abarca 7.500 metros cuadrados y contempla la recuperación de cúpulas, balcones y ornamentos.
A este conjunto de obras se suma un plan de iluminación que alcanzará a 85 edificios y estructuras porteñas. En sectores históricos como Avenida de Mayo y la calle Florida, la intención es generar corredores visuales que permitan destacar de noche el valor arquitectónico de edificios y monumentos y, al mismo tiempo, mejorar las condiciones de quienes recorren esas zonas.
Así, el centenario del monumento a Dorrego funciona como una oportunidad para recuperar una pieza fundamental de la escultura porteña y, a la vez, poner en discusión el valor de conservar aquello que forma parte de la identidad urbana.
Después de cien años, la obra de Yrurtia vuelve a recibir atención especializada para continuar ocupando su lugar en las calles de Buenos Aires.
