El Autódromo Oscar y Juan Gálvez de Buenos Aires avanza con una de las transformaciones más importantes de su historia, con tecnología de última generación para renovar la pista y preparar el circuito para el regreso del MotoGP.
La obra contempla la colocación de 43.000 toneladas de asfalto y forma parte de un proyecto que también busca dejar al escenario porteño en condiciones de aspirar nuevamente a recibir a la Fórmula 1.
La renovación no se limita a una mejora estética de la superficie. El objetivo es alcanzar los niveles de precisión, regularidad y seguridad que exige el automovilismo internacional, mediante un sistema digital que permite medir la calzada, planificar cada capa de pavimento y controlar la maquinaria durante la ejecución.
De esta manera, el Gálvez busca adecuarse a las exigencias de las grandes competencias del mundo.
Los trabajos forman parte del plan de modernización impulsado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, con vistas a la realización del MotoGP, prevista para el 9, 10 y 11 de abril.
La intervención apunta a convertir al histórico circuito porteño en uno de los autódromos más modernos de la Argentina y de la región, con infraestructura preparada para recibir categorías de primer nivel.
La magnitud del proyecto explica la importancia de cada etapa. En un circuito de competición, el estado del asfalto influye directamente en el comportamiento de los vehículos, la adherencia de los neumáticos y la seguridad de los pilotos.
Por eso, la repavimentación requiere controles específicos y una planificación que permita obtener una superficie uniforme, sin irregularidades que puedan comprometer el rendimiento deportivo.
El secretario de Deportes de la Ciudad, Fabián “Chino” Turnes, destacó la relevancia de la intervención y sostuvo que se trata de la obra de infraestructura deportiva más importante de Buenos Aires.
Según expresó, la incorporación de tecnología avanzada busca colocar al Gálvez a la altura de los grandes escenarios internacionales y generar las condiciones necesarias para que la Ciudad vuelva a posicionarse como una referencia del deporte motor.
En ese sentido, el horizonte no se agota en el MotoGP. La modernización también contempla la posibilidad de que el autódromo vuelva a reunir las condiciones de infraestructura necesarias para proyectar el regreso de la Fórmula 1, una expectativa que forma parte de los objetivos de largo plazo vinculados con la renovación del circuito.
Uno de los aspectos centrales de la obra es la incorporación del sistema SmoothRide, una solución tecnológica especializada en la planificación y ejecución de trabajos sobre asfalto y pavimento. La herramienta combina escaneo tridimensional, diseño digital de la superficie y control automático de las máquinas que intervienen en la repavimentación.
El procedimiento comienza con un relevamiento de la calzada mediante un escáner capaz de registrar su geometría mientras el equipo circula por la pista.
Esa información permite identificar deformaciones y diferencias de nivel para diseñar una intervención adaptada a las necesidades de cada sector, en lugar de aplicar espesores uniformes sin considerar las condiciones existentes.
A partir de los datos recopilados, los programas informáticos procesan las mediciones y generan el diseño de la nueva superficie. El sistema también permite calcular con mayor precisión la cantidad de mezcla asfáltica necesaria y transmitir indicaciones a las fresadoras y pavimentadoras para orientar su trabajo durante la ejecución.
El equipamiento incluye el escáner RD-M1, encargado de capturar la geometría de la calzada, y los programas MAGNET Office Resurfacing y MAGNET Construction, utilizados para procesar la información y desarrollar el diseño de la obra.
A su vez, los sistemas de posicionamiento GNSS y los sensores Sonic Tracker permiten controlar la maquinaria y ajustar las operaciones sobre el terreno.
La utilización de estas herramientas reduce la dependencia de los relevamientos topográficos tradicionales y permite trabajar con información más detallada.
Entre los beneficios previstos figuran una mayor regularidad superficial, un uso más eficiente de los materiales, la reducción de retrabajos y una mejor administración de los costos asociados a la pavimentación.
La precisión también resulta fundamental al momento de colocar la mezcla asfáltica. Para controlar ese proceso, los equipos utilizan dispositivos de medición térmica que permiten supervisar la temperatura del material durante su aplicación.
El rango de referencia establecido para estas tareas se ubica entre los 150 y los 160 grados Celsius. Mantener la mezcla dentro de esas condiciones es importante para favorecer su correcta colocación y compactación, dos factores que inciden en la calidad y la durabilidad del pavimento.
El monitoreo térmico permite detectar posibles desviaciones durante la ejecución y actuar a tiempo para evitar problemas que puedan afectar el resultado final.
En una pista destinada a competencias de alta exigencia, este control adquiere especial relevancia, ya que la superficie debe responder de manera consistente a las condiciones de circulación y a las solicitaciones que generan los vehículos.
Antes de avanzar sobre los sectores centrales del circuito, los equipos realizan pruebas en sobreanchos, banquinas y zonas periféricas.
Estos ensayos permiten comprobar el comportamiento de las mezclas, evaluar el desempeño de la maquinaria y preparar a los operadores que participarán en la pavimentación definitiva.
Las primeras intervenciones se llevaron adelante en las zonas de escape de las curvas T3 y T10, mientras que las tareas continuaron en la banquina de la curva T7.
Se trata de una etapa de preparación que busca ajustar los procedimientos antes de extender los trabajos a la pista principal.
La posibilidad de evaluar cada operación en condiciones reales permite detectar dificultades y corregirlas antes de avanzar sobre superficies de mayor importancia deportiva.
De esta manera, los ensayos funcionan como una instancia de control técnico para reducir errores y mejorar la coordinación entre los equipos y los responsables de la obra.
La renovación contempla la utilización de aproximadamente 43.000 toneladas de mezcla asfáltica, distribuidas en tres capas con funciones y espesores diferentes.
La primera, correspondiente a la base, se ejecuta con una mezcla AM3 – AC19 y tiene un espesor previsto de ocho centímetros. Esta etapa ya se encuentra en marcha.
Sobre esa estructura se colocará una segunda capa intermedia, elaborada con mezcla AM3 – AC12, de cinco centímetros de espesor.
Finalmente, la superficie de rodamiento estará compuesta por una mezcla HIMA – AC12, con un espesor de cuatro centímetros, que constituirá la capa final sobre la que circularán los vehículos.
La ejecución por etapas permite construir una estructura de pavimento diseñada para responder a las exigencias de un circuito de competición.
Cada capa cumple una función dentro del conjunto y requiere controles específicos para asegurar que el resultado alcance las condiciones previstas en el proyecto.
Con tecnología de medición, ensayos preliminares y un volumen de materiales que refleja la magnitud de la intervención, el Autódromo Gálvez atraviesa una etapa decisiva de su renovación.
El desafío será completar los trabajos y consolidar una infraestructura capaz de recibir competencias internacionales, con el MotoGP como objetivo inmediato y la Fórmula 1 como una posibilidad que Buenos Aires aspira a recuperar.
