El próximo domingo 5 de julio, la histórica Casa Virrey Liniers abrirá sus puertas para conmemorar un nuevo aniversario del Día de la Defensa de Buenos Aires con una propuesta gratuita que combinará recreaciones históricas, actividades para toda la familia y música de época.
La iniciativa invita a redescubrir uno de los episodios más trascendentes de la historia porteña, cuando vecinos y milicias lograron derrotar a las tropas británicas durante la segunda invasión inglesa de 1807, una victoria que marcó un antes y un después en el destino del Río de la Plata.
Más de dos siglos después de aquella gesta, el espíritu de resistencia volverá a sentirse en la Casa Virrey Liniers, ubicada en Venezuela 469, donde entre las 11 y las 13 se desarrollará una programación especialmente diseñada para acercar la historia a grandes y chicos.
Con entrada libre y gratuita, hasta completar la capacidad del lugar, la jornada buscará poner en valor el papel que desempeñaron los habitantes de Buenos Aires en una de las páginas más importantes de la construcción de la identidad de la ciudad.
La conmemoración comenzará a las 11 con un desfile encabezado por el Cuerpo de Voluntarios Patriotas de la Unión y Vizcaínos del Río de la Plata, que partirá desde la intersección de Belgrano y Defensa.
La recreación permitirá al público observar uniformes, formaciones y elementos característicos de las milicias que participaron en la defensa del territorio durante las invasiones británicas, ofreciendo una aproximación visual y educativa a los acontecimientos ocurridos a comienzos del siglo XIX.
A continuación, entre las 11 y las 12, los más chicos tendrán un espacio especialmente pensado para ellos. La compañía Babelteatro organizará juegos históricos destinados a niños de entre 4 y 12 años, con propuestas que incluyen el armado de barriletes, juegos con zancos, caballitos y otras actividades recreativas inspiradas en la vida cotidiana de aquella época.
La intención es que la historia pueda transmitirse de manera participativa y entretenida, fomentando el interés por el patrimonio cultural desde edades tempranas.
El cierre artístico llegará al mediodía con una presentación musical dirigida por el maestro Carlos Koffman. El espectáculo reunirá piano, violín y canto en un repertorio compuesto por piezas representativas de la época colonial, recreando el clima sonoro que acompañaba la vida de la ciudad durante los años en que Buenos Aires enfrentaba uno de los mayores desafíos de su historia.
La fecha elegida para esta conmemoración no es casual. El 5 de julio recuerda el momento culminante de la defensa frente a la segunda invasión británica, cuando las fuerzas locales lograron contener el avance de un ejército profesional considerado entre los más poderosos del mundo.
A diferencia de otros enfrentamientos de la época, la resistencia porteña estuvo protagonizada no solamente por soldados, sino también por cientos de vecinos que colaboraron activamente en la organización de la defensa.
Los hechos comenzaron el 28 de junio de 1807, cuando las tropas inglesas desembarcaron en Ensenada prácticamente sin encontrar resistencia armada.
Al día siguiente, Santiago de Liniers reunió a sus hombres y lanzó una de las consignas más recordadas de aquellos días: «Vencer o morir». Las fuerzas criollas avanzaron hacia el combate mientras la población salía a las calles para acompañar a quienes se preparaban para enfrentar al invasor.
Los primeros enfrentamientos se desarrollaron en la zona de Miserere. Aunque las tropas locales fueron obligadas a retroceder en esa instancia, la ofensiva británica tampoco consiguió ingresar inmediatamente a la ciudad. Ese tiempo permitió reorganizar la defensa y preparar una estrategia mucho más efectiva para el combate decisivo.
En ese contexto adquirió una enorme relevancia la figura de Martín de Álzaga, quien impulsó la movilización de la población y promovió la distribución de armas para fortalecer la resistencia.
Su decisión de rechazar cualquier posibilidad de rendición resultó determinante para consolidar una defensa que involucró a toda la comunidad. Mientras tanto, Liniers regresó con refuerzos y aceptó las medidas organizadas para convertir a Buenos Aires en una verdadera fortaleza.
Durante los primeros días de julio, las azoteas, balcones y calles comenzaron a transformarse en posiciones estratégicas. Vecinos y milicianos aguardaban el avance británico preparados para combatir utilizando tanto armamento militar como elementos improvisados.
Además de fusiles y cañones, la población recurrió a piedras, ladrillos, aceite hirviendo y frascos incendiarios, recursos que demostraron la determinación de una ciudad dispuesta a defenderse con todo lo que tenía a su alcance.
El 5 de julio llegó el enfrentamiento definitivo. Las columnas inglesas intentaron avanzar hacia la Plaza Mayor ocupando distintos edificios estratégicos, pero encontraron una resistencia mucho mayor de la esperada.
Las milicias criollas habían incrementado considerablemente su capacidad de combate y lograron frenar el avance enemigo en distintos puntos de la ciudad.
Uno de los momentos decisivos ocurrió cuando el Regimiento de Patricios, bajo el mando de Cornelio Saavedra, impidió que las tropas británicas alcanzaran la plaza principal.
Al mismo tiempo, otros grupos de milicianos cercaban las posiciones ocupadas por los invasores, obligando a varios oficiales ingleses a refugiarse en la iglesia de Santo Domingo. La presión ejercida por las fuerzas locales terminó inclinando definitivamente el resultado del combate.
Dos días después, el 7 de julio, el comandante británico John Whitelocke firmó la capitulación, aceptando retirar sus tropas no solo de Buenos Aires sino también de Montevideo. Aquella victoria tuvo una enorme repercusión en toda América y fortaleció el sentimiento de confianza entre los habitantes del Virreinato, quienes comprobaron que podían enfrentar exitosamente a una potencia europea.
Los historiadores consideran que las invasiones inglesas constituyeron uno de los antecedentes más importantes del proceso que desembocaría pocos años más tarde en la Revolución de Mayo.
La organización de milicias integradas por criollos, el protagonismo adquirido por los vecinos y el debilitamiento de la autoridad española modificaron profundamente la realidad política de la región.
Por ese motivo, cada aniversario de la Defensa de Buenos Aires representa mucho más que un recuerdo militar.
También constituye una oportunidad para reflexionar sobre el valor del compromiso ciudadano, la construcción de la identidad colectiva y la importancia de preservar los espacios históricos donde ocurrieron acontecimientos que marcaron el futuro del país.
La jornada organizada en la Casa Virrey Liniers buscará precisamente acercar ese legado a nuevas generaciones mediante actividades culturales, recreativas y educativas.
En un edificio que fue testigo de buena parte de la historia colonial porteña, vecinos y visitantes podrán recorrer una propuesta que combina entretenimiento, memoria y patrimonio, reafirmando la importancia de mantener vivo el recuerdo de una de las victorias más significativas de Buenos Aires.
